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LECTURA DEL TEXTO: "COMO UNA NOVELA"

            Antes de comenzar a reflexionar sobre la lectura de los textos extraídos del libro “Como una novela”  de Daniel Penca, quisiera decir, que una vez respondidas las preguntas propuestas por el profesor, Alejandro Iborra, me centraré en un comentario personal, en el que tocaré algunos temas y profundizaré en los aspectos que considero más convenientes, siempre partiendo de que nuestro objeto de estudio son las Dificultades de Aprendizaje. A pesar de ello, a la hora de seguir las sugerencias de indagación propuestas por el profesor, también voy a introducir comentarios y reflexiones íntimas y personales, que considero adecuadas y fundamentales al tratar estas Dificultades de Aprendizaje:
 
1-. Considero que la tesis principal del autor es la importancia que puede tener la lectura en nuestras vidas. Para él, el lector se puede introducir en un mundo que, en realidad, no existe y llega a mantener relaciones privadas con los personajes, conectan de una manera que nadie más puede llegar a hacerlo.
Actualmente, nos encontramos en el Siglo XXI, el Siglo de lo audiovisual, en el que se dedican (según las estadísticas) entre 6 y 7 horas a la televisión, mientras que a la lectura, tan sólo se dedica una. Con los medios audiovisuales todo se nos da hecho, es decir, no hay que imaginarnos nada de las historias porque todas aparecen en la pantalla y antes de que vaya a suceder algo, aparece una especie de musiquita que nos prepara para los posibles cambios, en cambio, en otros Siglos había que describirlo todo porque las historias, los cuentos o cualquier información llegaba a las personas mediante la lectura y eso producía que nos durmiéramos al leer y que la imaginación estuviera al poder de todo.
La lectura es mágica y puede llegar, incluso, a abstraernos del mundo para encontrarle un sentido haciendo que los lectores “tengamos prisa por aprender a leer”, tengamos prisa por pasar una página a otra, tengamos hambre por saber qué ocurre en la siguiente página con el protagonista de la lectura, y en la siguiente, y en la siguiente, y en la siguiente, ...
En la televisión o en el cine todo está dado, nada se puede conquistar o trabajar, mientras que leer es un acto en el que la imaginación y la creatividad está por encima de todo. Dos personas pueden estar leyendo un mismo libro y cada una de ellas darle un significado diferente o interpretarlo de distinto modo. La televisión cada vez está ganando mas adeptos y más ahora, con esos programas llamados Last Night, en los que la vulgaridad, la violencia y la estupidez están por encima de todo y producen el atrofiamiento del cerebro. Aunque, siendo sincera, de vez en cuando pueden ser llevaderos, ya que nos abstrae de los problemas y del estrés cotidiano, pero de forma puntual y sin aportarnos apenas cultura o aprendizajes alternativos; lo que está ocurriendo es que la gente lo está normalizando y, antes de dormir, antes de leerse un buen libro, pudiendo jugar con un principio y un final diferente, poniendo caras y cuerpos a esos personajes, imaginando un dulce y relajante paisaje, ..., miran un programa de este tipo, cambiando las rutinas que tenían nuestros padres o abuelos.
 
2-. Considero que el autor no está del todo de acuerdo con la concepción de dificultades de aprendizaje que estamos manejando hasta ahora. Él se centra en las dificultades que se producen a la hora de aprender, como consecuencia de la modernización, de la Sociedad en la que nos movemos, donde a veces, parece que los libros son estorbos y quitan tiempo (a pesar de que el ritual de la lectura debería ser parecido a de una oración, produciéndose antes de dormir, convirtiéndose en un genial momento fuera de los momentos) y añade que la dificultad también puede venir dada a través de la familia, que puede no motivar en absoluto a los niños para que lean, proponiéndoles que salgan a jugar en un día soleado (en lugar de perderlo leyendo) o pueden imponerles como castigo el no leerles esa noche su cuento preferido (como si de una amenaza se tratase) produciéndose así, el peligro de convertirse un verdadero placer en una preocupación real.
Es en este punto donde la Escuela cobra gran importancia y, nos damos cuenta, de que llega en el momento oportuno porque, a veces, para librarnos de la culpa, para no tener remordimientos de conciencia, para no pasarlo mal con nosotros mismos y por los demás, culpamos a todo cuanto está a nuestro alcance (a la falta de presupuesto del Ministerio de Cultura, a la televisión, al consumo, a la invasión electrónica, al mal aprendizaje de la lectura, a la incompetencia de los profesores, ...) por la falta o ausencia de la lectura, pero en realidad, el motivo también está en nosotros mismos.
Buscamos siempre perspectivas a partir de las cuales nuestras palabras tengan razón porque, lo queramos o no, el mundo está en lo que decimos y estamos atrapados en nuestro silencio. Queremos llevar la razón y no sentir el peso de que, en parte, la culpa de los cambios producidos en la Sociedad, la falta de interés hacia la lectura cada vez mayor puede deberse a nosotros mismos y a nuestros hábitos, a nuestros comentarios fuera de lugar (“como sigas así, esta noche no hay cuento”), a nuestra falta de entusiasmo a la hora de describir una imagen procedente de un cuento o de narrar el momento en el que el príncipe besa a la princesa. No debemos olvidar que los niños comienzan por aprender el gesto de la acción antes de aprender la acción misma y nosotros somos  sus modelos, los ejemplos adecuados y convenientes a seguir.
El deseo de aprender es el mejor método para enseñar a leer y esto se produce gracias al interés, el cual nos lleva lejos y suele conseguir aquello que no se tiene prisa por conseguir, por ello, debemos fomentarlo de alguna manera, debemos intentar que deseen pasar una página porque no es lo mismo que una página empuje a la otra, que leer como quien avanza (sin enterarse de nada) y me remito a una metáfora que aparece en el texto que considero bastante relevante: algunos ven su plato como un libro, mientras que otros ve su libro como un plato. Sorprendente, ¿no es así?.
 
3-. Por todo ello, el autor introduce una serie de elementos a la hora de comprender o evaluar una posible dificultad de lectura que, además de que pueden producirse por factores intrínsecos (retraso mental, hándicaps sensoriales, alteraciones emocionales graves, ...), también pueden deberse a factores extrínsecos (desventaja académica, desventaja cultura, falta de oportunidades, instrucción inadecuada, ...) y, considero que el autor se centra más en estos últimos.
Hay familias que impiden leer y esto puede producir una doble consecuencia. Por un lado, la doble excitación por tratarse de una prohibición, por hacer algo en contra de los demás (por leer una novela que llega a hacerse corta, al mismo tiempo que se desobedece a la familia). Pero, esto es un cuchillo de doble filo, ya que hay niños que por el mismo motivo deciden dejar a un lado libros porque si mis padres lo dicen, entonces será cierto (así descargan su culpa y se sienten mejor, cargándosela a los demás).
Aquí podemos situar, también, el caso de aquellos padres que se preocupan en demasía por sus hijos, que les apuntan a tantas y tantas actividades formativas eficaces (piano, judo, tenis, danza, ...), que incluso les suprimen la televisión, pero que no se explican cómo es posible que sus hijos no lean, pero ... ¿cómo lo van a hacer si no les dejan ni quince minutos libres para que puedan hacerlo?. Buscan que los niños aprendan esos adornos formativos que tan adecuados parece que nos hacen socialmente, pero se olvidan de algunos aspectos que son más básicos.
 
4-. El término “leer”  se puede entender de distintas maneras, dependiendo de quién lo emplee.
Para un adolescente, “leer” puede ser pasar páginas sin más, sin encontrar un significado a ese libro. Los jóvenes, en su mayoría, no aman la lectura. Antes, en cambio, el lector “ideal” interpretaba al mismo tiempo el papel de narrador y de libro, se producía una mágica fusión, una excelente pareja entre el texto y el lector. Hoy, la lectura ha adquirido el papel de tarea, mientras que la televisión se toma como una recompensa.
Los adolescentes se encierran (por obligación) en sus cuartos delante de unos libros que no leen porque desean estar en otra parte. Para ellos, los libros son eternos y espesos  (y más si tienen muchas páginas con pocos diálogos) y pasan las páginas, las leen, pero no recuerdan el contenido de las anteriores, no comprenden lo que van leyendo. Simplemente lo hacen de forma mecánica y porque tienen que hacerlo. Son clientes de nuestra Sociedad, en cuenta a ropa alimentos, aficiones y distracciones en general (y parece que hoy en día la lectura no está de moda).
Para un adulto e, incluso, para , “leer” tiene otro significado. Significa entender el texto introduciéndonos en él, volando desde nuestra vida real hasta la propuesta en el libro. Volando más allá de lo que nuestra imaginación podría llegar a imaginar (valga la redundancia). Leer supone un acto responsable y esto se produce gracias a la motivación previa que nos conduce a interiorizar aquello de “lee para vivir”.
Pero, a pesar de la unanimidad que encontramos entre los padres por la necesidad de leer, siempre están los típicos ejemplos de los que leen porque hay que estar al día y no por el placer de la misma lectura y esto se aprecia por las frases que algunos llegan a decir (sólo porque las dicen los demás) y que nos dan que pensar, ya que de la teoría a la práctica transcurre un gran abismo.
Actualmente, los padres y adultos, estamos más próximos psicológicamente de nuestros hijos (o a las generaciones que están a punto de destronarnos) porque conseguimos empatizar con ellos, ponernos en su punto de vista, en su piel, sintiendo casi de la misma manera que ellos; pero, al mimo tiempo, estamos más próximos intelectualmente de nuestros padres (o de las generaciones anteriores) porque parece que cada vez hay menos hambre por aprender, el deseo o adquirir nuevos conocimientos es menor y las dificultades de aprendizaje se acentúan y ya no de una forma tan progresiva como nos gustaría.
            Considero, además, que nuestra concepción de lo que el “leer” nos influye como lectores, es decir, para un adolescente puede ser pasar hojas, mientras que para un adulto puede ser comprender el texto, aunque se pase un número menor de hojas y todo ello repercute en nuestra manera de leer, de estudiar, de hacernos resúmenos, de esquematizar los contenidos, de emplear la ruta visual, o bien, la fonológica para conseguir el significado de un término que todavía no está interiorizado en nuestro vocabulario, ...
 
            5-. Ahora bien, a mí, no sólo como lectora o futura psicopedagoga, sino (como lo que es más importante) como persona, considero adecuado tocar ciertos aspectos, en los que no he profundizado y es conveniente hacerlo.
            En ocasiones, se aprende cuando no se es consciente de ello (cuando el maestro, no percibe dicho rol y cuando los alumnos no interiorizan dicho papel), pero para llegar a hacerlo y de una manera inconsciente se tiene que hacer con interés, motivación, ganas y deseo. Aquí las etiquetas juegan un papel fundamental. Nadie es poseedor del saber al cien por cien y, por este motivo, no debemos comparar a los niños (o no tan niños) con personas de su edad. Cada cual va a su ritmo, con sus aceleraciones y regresiones y, no por ello, debemos encasillar a cada uno porque todos somos capaces de superarnos y de sorprender a los demás en los momentos más inesperados. El esfuerzo es una extraña soledad, cuyas dificultades se vencen paso a paso y sin olvidarnos de que cada persona es un mundo.
            Algunos padres se preocupan demasiado, olvidan que cada niño tiene el pelo de un color, un peso diferente, unos lunares colocados en zonas diferentes del cuerpo, y... ¿si las personas son distintas por fuera por qué no lo van a ser por dentro?. Por ello, y para intentar paliar las dificultades en el proceso de aprendizaje o, más concretamente, en el proceso de la lectura, hay que encontrar el camino adecuado para proporcionar a los hijos el placer de la lectura, compartiendo el amor que nosotros sentimos hacia la lectura  con ellos, compartiendo ese entusiasmo (y si en algún momento se pierde, hay que saber cómo recuperarlo).
Cuando los niños manifiestan sus primeros signos de cansancio en materia de lectura, se les debe insistir para que lean su página diaria en voz alta y entendiendo su sentido y es ahí, cuando los papás juegan un papel realmente relevante, haciéndoles preguntas del tipo: ¿qué acabas de leer?, ¿qué quiere decir?). Para conseguir esto, desde que son recién nacidos se les debe leer, para que ellos tomen el relevo de una forma incluso espontánea, con el deseo de leer con sus papás (primero siguiendo con los ojos las líneas y, seguidamente, comenzando ellos mismos la lectura). Gracias a la repetición se consigue una lectura cada vez más óptima y llegan a reconocer las letras de una forma mucho más rápida y fácil, ya que primero descifran las palabras relacionadas con sus héroes favoritos para, seguidamente, pasar a descifrar el nombre del supermercado de la esquina.
Otro punto a tener en cuenta es que algunos padres, en realidad, lo que desean es que los hijos saquen adelante sus estudios y no que lean, lo cual repercute negativamente en el deseo de leer. Si queremos, si deseamos, si buscamos que la juventud lea, entonces les debemos conceder los derechos que nosotros nos permitimos y si desean leer un libro de aventuras, un libro sobre su cantante favorito, un libro acerca de ese país al que tanto desean ir, ..., debemos darles luz verde para que, tras atravesar ese semáforo, consigan alcanzar los demás (que son los que, al fin y al cabo, desean los padres), los relacionados con las matemáticas, la geografía de 6º de primaria, la literatura, ... porque de lo contrario, el término lectura se convertiría en sinónimo de resistencia. No hay que olvidar que los alumnos que descubra el libro a través de otros canales seguirán leyendo mucho más motivados.
No hay que olvidar que los libros se escriben bajo circunstancias y lo importantes el modo de leer los libros y bajo esta premisa debe girar todo nuestro esfuerzo. En este punto es donde aparece la Escuela. El culto al libro depende de la tradición oral y los profesores son los grandes sacerdotes, los que deben intentar que los alumnos tengas ganas por continuar leyendo en casa esa historia que ha comenzado el maestro (aunque algunos tengan esos prejuicios un poco tontos, en el sentido de que ya son mayores para que alguien les enseñe y es que, en ocasiones, estamos preparados y escépticos al mismo tiempo). Pensamos que el papel de la Escuela se limita al deber (conocimiento por esfuerzo, debido a la competitividad en el mercado laboral, y no por placer), pero debemos intentar que ese esfuerzo se convierta en placer mediante el encuentro (ya sea con el maestro o con el libro).
A pesar de que el papel primordial se encentra en el alumno (niño o adulto con deseo por aprender a leer, a amar la lectura, a continuar leyendo, a adquirir nuevos conocimientos, ...) el maestro debe intentar que ese exigir la lectura se convierta en compartir la lectura, pasando de la negación u oposición al afán de superación, pasando de inculcar un saber a ofrecer lo que uno sabe. Leer produce la marcha del hombre hacia el hombre y la palabra de los libros cede su lugar a nuestra palabra.
Para finalizar, solo quisiera añadir que la Escuela enseña esa comodidad de la fatalidad a la que hay que poner freno, es decir, algunas personas desean ser libres, pero se sienten abandonadas como consecuencia de sus Dificultades de Aprendizaje (ya sean, como bien he explicado anteriormente, intrínsecas o extrínsecas), pero debemos proporcionar los medios para que absolutamente todas las personas que tengan esa sede de aprenden logren paliarla adecuadamente, pero por supuesto y lo que es más importante, con la ayuda de todas ellas y sin llegar a rendirnos en ningún momento.
 

3 comentarios

saray -

q t voy a decir q no sepas y q no t recuerden tus compis... Q como tu no hay 2!!!
Eres un sol y espero q no cambies. TQM

Nerea -

Hola, Ali, suscribo lo que dice el profe: tu reflexión me ha parecido muy buena, muy "técnica" pero muy clara también. ¡Y hay que ver cómo te has currado lo de los resúmenes de lo trabajado en clase! Bueno, un saludo. BYE

ALEJANDRO -

Hola Alicia

Me ha encantado tu reflexión sobre Pennac y la lectura. Reflexionas sobre los puntos principales e incluso vas más allá. Es un ejemplo perfecto de lo que quería. Tus conexiones con lo que hemos hecho y discutido en clase son además muy pertinentes. Mientras te leía me venía a la mente una columna de Elvira Lindo sobre la lectura. Ella, curiosamente, la conectaba con el aburrimiento. Es decir, recordaba las horas de aburrimiento en la infancia, que empezó a llenar con la lectura de una novela que se encontró. Conectaba eso con lo que mencionas sobre la cantidad de actividades extra-académicas que hacen los niños de ahora. Lo fácil que es conectarles tan pronto con esa idea de formación útil (bien sea con idiomas, deporte, etc...). Valores como la utilidad, la rapidez, lo práctico, son valores típicos en nuestra cultura, y ¿cómo no van a influir en el aprendizaje? ¿Y qué es eso de aburrirse? Creo que enseguida llenamos esos huecos fundamentales. Enseguida hay algo para tapar el hueco del aburrimiento. ¿Desde cuando se empezó a hablar de la cultura o la industria del ocio (que por cierto qué mal suena)? ¿qué ha pasado con el ocio de la infancia o la adolescencia y su necesidad de rellenarlo? Hablas de la televisión (espero que no genere tantos efectos negativos como los que comentas) pero ¿y los videojuegos? Afortunadamente ya hay bastante investigación en este campo que los defiende como otro contexto de aprendizaje y desarrollo de habilidades muy válido. Aunque sea porque uno no se puede limitar a observar de manera pasiva como en la televisión.

De nuevo aparece en tu texto la importancia del sentido con el que se hacen las cosas, temas de relevancia y significado personal. Por eso os preguntaba qué significaba para vosotros leer. Trabajar con el significado de algo, es lo que determina iniciar y mantener una dirección o no: por ejemplo leer o no, estudiar o no, etc... Y obviamente, los significados son significados compartidos, socialmente construidos, bien por la familia, un grupo de amigos, un aula, e incluso una sociedad determinada. A partir de la adolescencia, probablemente podamos empezar a posicionarnos creando nuestros propios significados de manera autónoma, y siendo conscientes del proceso, pero ¿y durante la infancia? Aquí es dónde los adultos son tan necesarios.

Y valores como la heterogeneidad de gustos y ritmos, que eviten las categorías y las etiquetas, son desde luego fundamentales.

Bueno, como ves, me estás haciendo pensar a partir de tu escrito. Espero no caer nunca en la “fatalidad de la comodidad”, interesante concepto.

Un saludo

Alejandro