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DISLEXIA: "¿CAUSA DE FRACASO ESCOLAR?"

Considero de especial relevancia  comentar y reflexionar en la asignatura “Dificultades d Aprendizaje e Intervención Psicopedagógica” sobre la Dislexia y todo lo que la misma conlleva.

           

SEGÚN CIERTOS ESTUDIOS Y A MODO DE RESUMEN de ciertos artículos, uno de cada cuatro casos de fracaso escolar está relacionado con la dislexia, a pesar de que miles de alumnos desconocen que padecen trastornos al leer y escribir. Esta disfunción provoca una alteración y un retraso importante en el aprendizaje, pero actualmente hay una ausencia de definición científica del problema y carencias en su detección y atención en el sistema educativo.

            No tiene nada que ver con la inteligencia y no están claros ni su tratamiento, sus causas, su definición y su prevalencia. Se debe detectar antes de que el niño cumpla siete años, aunque hay ocasiones en las que una persona no descubre que es disléxica hasta la edad adulta, debiendo realizar un esfuerzo extraordinario de memoria hasta ese momento.

            No se trata de una enfermedad, sino de un modo diferente de aprender y parece que no forma parte del actual sistema educativo. Tras descartar muchas otras posibilidades, se le debe someter a una evaluación que incluya pruebas de lectura y escritura. No desaparece de modo espontáneo, sino que requiere de un proceso de reeducación individualizado, orientado a compensar las carencias.

Los síntomas en la escritura aparecen en forma de rotaciones, inversiones o fragmentaciones, mientras que en la lectura aparecen al pronunciar palabras al revés, entrecortadas, inventadas o de forma incomprensible. No comprender en ellos provoca distracción, dificultades para memorizar, falta de esfuerzo y atención, hiperactividad, bajo rendimiento, poca autoestima y mala percepción del paso del tiempo.

Entre las teorías que tratan de explicar su origen podemos encontrar la neurológica (atribuye la dislexia a una diferencia estructural en el cerebro relacionada con el área del lenguaje), cognitiva (dificultad para memorizar y adquirir el conocimiento), temporal (necesita más tiempo que otras personas para procesar la información visual y sonora recibida), fonológica (déficit para entender cualquier información fonológica o lingüística, divide la palabra en fonemas y letras, que se representan e identifican mutuamente), genética (entre los miembros de una misma familia) y la expuesta por Davis (que no habla de una disfunción, sino de una forma positiva de aprendizaje, el proceso de aprendizaje se estanca porque son seres visuales y les cuesta dar el salto del lenguaje oral al escrito, ya que piensan el mundo en imágenes y no en palabras).

           

            En segundo y, plasmando ya mi OPINIÓN PERSONAL, considero que años atrás se ha producido de manera desorbitada una especie de Boom con respecto a las personas con dislexia.

Con esto me refiero a que antes de diagnosticar a alguien que tiene esta alteración, se debe llevar a cabo una larga evaluación y tener en cuenta ciertos aspectos, dependiendo de la teoría o el enfoque en el que nos situemos, pero parece que a muchas personas esto se les ha olvidado y hasta hace un tiempo, cada vez que algún alumno tenía cierta dificultad a la hora de llevar a cabo su proceso de aprendizaje, en el que podemos incluir, tanto la lectura, como la escritura, era un alumno disléxico, se le encasillaba y parecía que no eran necesarios ciertos esfuerzos para que consiguiera un aprendizaje eficaz porque “no podía llegar”. Craso error.

A muchas de estos niños se les diagnosticó erróneamente, se les colocó una etiqueta, no se si para que los maestros, padres o cualquier persona que influyera en dicho aprendizaje no sintiera remordimientos o porque así se evitaban ciertos esfuerzos con resultados desconocidos.

Parece que ya no está tan de moda como hace unos años, parece que de repente, la dislexia ha decrecido, parece que en muy poco tiempo hemos avanzado tanto en las aulas que, o bien, el proceso de enseñanza ha mejorado o esa teoría genética se ha quedado en el camino haciendo que nazcan, por herencia, muchos menos niños con dicha alteración. No sé a vosotros, pero a mí todo esto me da bastante que pensar. Realmente lo que a mí me parece es que frivolizamos con ciertas disfunciones y deberíamos pensar un poco más en los afectados reales. Aún estamos a tiempo de abrir los ojos e intentar cambiar (y yo la primera, por supuesto).

1 comentario

ALEJANDRO -

Hola Alicia

Muy bien, te has topado con el problema de las etiquetas ( y ahí tienes el DSM-IV bien lleno). Nombrar algo puede dar la impresión de comprender (sólo la impresión, es lo que en algún otro blog menciono como “principio dormitivo” a partir de Bateson), y muchas veces de generar realidades y profecías autocumplidas. Si identifico a alguien como tímido, ya tengo una supuesta explicación de por qué no habla, aunque no tenga ni idea de por qué no lo hace. Más allá de su conducta (que no hable o interactúe socialmente) mi juicio afecta a su identidad (no es lo que hace sino lo que es) y entonces podría mandarle a un grupo de tímidos (donde si la identidad no estaba definida ahora desde luego lo estará). Por lo tanto, el niño tímido, ahora puede que conozca que lo reconocen como tal, y puede empezar a responder a dicho juicio, incluso a creérselo, o a ir en su contra, lo que por otra parte, no hará otra cosa que fortalecer el juicio inicial. Se ha creado una realidad social. De ahí la importancia de las profecías autocumplidas, las expectativas (el efecto pygmalion) etc, etc... genera realidades, independientemente de que sea positivo o negativo.

Por eso empezamos el curso reflexionando acerca del problema de la definición, y entenderlo como algo operativo, no como algo ontológico (que “refleja” una realidad). De ahí la importancia de comprender el sentido amplio y el restringido, y a estas alturas comprender las consecuencias que se pueden derivar de un mal uso de estas etiquetas. Recuerdo muy bien, en una de mis primeras prácticas en un colegio, mientras evaluaba la lectura de un grupo de niños, un profesor como para justificar que uno de sus alumnos leía mucho peor, me dijo algo así como que “donde no hay no se puede sacar”. En sí la frase es genial, trágica pero genial. Refleja perfectamente la concepción de la educación de este profesor, y al mismo tiempo su limitación e impotencia. Es como si la inteligencia o las habilidades estuvieran retenidas en algún sitio, listas a ser elaboradas o desplegadas. Y claro, si no dispones de ello, pues, qué le vamos a hacer. Muchos modelos genéticos se basan en esta misma metáfora. Metáfora que no tiene en cuenta la importancia del contexto social (que incluye a ese profesor, a los compañeros, a la familia, a los instrumentos tecnológicos disponibles, etc...) para ir más allá de ese contenido ideal de potencialidades. En fin, entonces me dio pena ese niño y ese profesor, incluso yo mismo, por no poder hacer mucho más, o simplemente no querer.

Hay un libro en la biblioteca que habla de estas cosas (la construcción del universo, creo que se llama, de Paul Watzlawick y un argentino que no recuerdo como se llama, si te interesa échale un vistazo). No obstante os puedo fotocopiar un capitulito donde lo resume muy bien. Si te interesa dímelo.

Creo que este tema del que hablas es muy importante. Los medios de comunicación no son muy conscientes de cómo generan de repente este tipo de proliferación de pseudodiagnósticos (bien sea la anorexia, la depresión, la depresión postvacacional es un buen ejemplo, etc...) Está bien demostrado que los medios de comunicación generan realidades más que reflejarlas, por ejemplo los casos de suicidio (el efecto Werther), y por qué no los casos de maltrato y otros tipos violencia doméstica y en las aulas, casos de asesinatos en serie, etc... Todo esto desde la Psicología Social está muy estudiado, corresponde según Cialdini (hay un libro suyo excelente: Influencia) a un mecanismo de sanción social.

Probablemente no son muy conscientes de esto, pero es fácil luego comprender que proliferen este tipo de etiquetas.